31 mayo 2010

La felicidad se aprende

Me quedo con dos aproximaciones a la felicidad: la primera entendida como “ausencia de miedo” y la segunda como “estar con la persona amada y no tener colesterol”. Si mezclamos las tres ideas con el trabajo rápidamente podremos deducir que quien es feliz en su vida privada, porque no tiene miedos, porque ama y es amado/a y goza de buena salud, está en predisposición de afrontar mejor su vida profesional.

Los empleados, dicen, no se van de las empresas (salvo que los echen) sino de sus jefes. Y se van porque no sólo no son felices en su ámbito profesional sino porque además el trabajo les influye negativamente en su faceta personal. El desencanto creciente en nuestro país hacia los jefes y por extensión hacia las empresas se traduce en una grandísima falta de felicidad por no hablar de ausencia de valores más elementales como respeto, humanidad, ética, excelencia, integridad, etc.

Mi naturaleza positiva me lleva siempre a intentar trabajar en aquellos proyectos y con aquellas personas que con independencia del tema económico me resulte gratificante desde el punto de vista del salario emocional. Como conocedor de la comunicación en pequeñas, grandes y multinacionales empresas siempre hay un denominador común: máxima eficacia (que no eficiencia) al menor precio posible donde las personas son casi mera anécdota (digo casi porque hay excepciones muy honrosas) y lo que importa es “sólo” la cuenta de resultados. Gravísimo error. He podido comprobar que los empleados que son felices en sus empresas no sólo hacen felices a sus jefes sino que, además, generan un caudal inimaginable de ideas que a la larga se convierte en recursos positivos de todo tipo. La felicidad genera, también, beneficios económicos.

Pienso que hemos venido a este mundo no para hablar de crisis y ni mucho menos para sufrirla sino para ser felices, incluso, en épocas de recesión y situaciones muy complicadas como la presente. Debería estar reconocido por la constitución de cada empresa la obligatoriedad de ser felices mucho antes que la de entrar a la hora o cobrar a finales de mes. Ser feliz es rentable desde todos los puntos de vista y además las empresas donde “da gusto trabajar” hacen del compromiso entre las partes su razón de ser. Deberían pedir a muchos directivos/empresarios no sólo saber idiomas, experiencia y mba´s sino también un postgrado en felicidad. La felicidad es un grado que ayuda a crecer no sólo en la empresa sino en la vida. Enseñemos felicidad. Se puede y se debe aprender felicidad  porque se puede y se debe trabajar siendo lo suficientemente felices porque de lo que estamos hablando es de personas y no de un recurso más en el complejo entramado empresarial...

Medidas tardías, insuficientes e ineficaces

Las medidas, suponiendo que fueran buenas, llegan tarde, son insuficientes, claramente ineficaces y, lo que es peor, no sólo van a solucionar ningún problema para el tejido empresarial español sino que va a aumentar la desconfianza creciente desde dentro y desde fuera hacia nuestro país. Estas medidas, además, no  van  a solucionar el principal problema que no es otro que el empobrecimiento generalizado a todos los niveles y el aumento del desempleo.

La economía española se encuentra claramente intervenida desde fuera e incluso desde la gran banca española ante la pasividad demostrada por un Gobierno que, sencillamente, no sabe. Dejando de lado partidismos y posiciones políticas de un signo u otro, está demostrado con creces que si bien el origen de la crisis en España no es atribuible al ejecutivo actual sí lo es la gestión de la misma, la falta de reflejos y la actuación inmediata dejando pasar el tiempo como si las cosas se solucionaran por arte de magia. El Gobierno no sólo no se fija en los mercados sino que tampoco lo hace en las empresas y, por tanto, en los ciudadanos y trabajadores. 

La debilidad en todos los frentes económicos es notoria y contagiosa y como ya advertí y está publicado esté país no saldrá de la crisis hasta que no exista un cambio de rumbo político. En crisis, las decisiones importantes deben tomarse con rapidez y no con precipitación pero lo importantes a veces no son tanto unas u otras medidas sino generar confianza, transmitir credibilidad y generar seguridad. Si desgranamos el acrónimo CRISIS veremos que el actual ejecutivo no cumple ninguno de los requisitos porque no genera la C de Confianza, la R de Responsabilidad, la I de Inteligencia política, la S de Seguridad, la I de iniciativa en la toma de decisiones y la S de Serenidad. Y cuando no existe serenidad, cualquier decisión que se tome generará más desconfianza. No me gusta ni quiero hablar de política pero efectivamente cuando los políticos demuestran que no saben deben dar paso a los que conocen y los que saben estén donde estén y tengan el color que tengan.

España no puede seguir así pero también es verdad que la sociedad civil está adormecida donde parece ser que lo único importante es el fútbol y la reina del pueblo en los programas cardíacos. Con pan y circo no se soluciona los graves problemas. Debemos reaccionar todos y abrir los ojos. Cuanto antes, mejor. Los discursos políticos, la oratoria barata, el hablar sin saber inspira desconfianza y la espiral se hace, cada vez, más grande. Esta tendencia es la que se debe cambiar y estas medidas son una gota de agua en una charca donde huele a podrido y el agua no fluye.